“La luz que brilla con el doble de intensidad dura la mitad de tiempo”
Hasta siempre, Gloria. Y gracias por todo.
http://servidora.blogspot.com/
http://estenoeselblogqueestaisbuscando.blogspot.com/2009/04/la-voz-de-los-muertos.html
Una boda, un funeral y cienes de mojitos
Post-peluquería
Ir a la peluquería resulta siempre una aventura sorprendente, en la cual una redescubre su propio potencial (bien sea para agradar o asustar) y rescata de lo más profundo instintos dormidos. Podría abordar el tema del concepto ‘cortar las puntas’, que aún no ha alcanzado un significado estandar para la mayoría de los peluqueros, viniendo éste a abarcar desde el medio cochino milímetro, hasta palmo o más si la longitud del cabello lo permite. En fin. Resumiendo, hoy he ido a la pelu. Estaba yo preparada a soltarle la famosa ’sólo las puntas’ a mi peluquero, un guapo argentino que me tocaba el pelo como si fuese lo más sexy que hubiese visto en la vida, cuando él, en vez de preguntar qué iba a hacerme, ha dictaminado:
-Te voy a hacer algo modernito.
Y yo, que en ese momento sólo pensaba si me estaba llamando anticuada o vieja (que ya son 27) y temiendo que me dijese que con el nuevo look iba a parecer 20 años más joven, sólo he proferido un inaudible.
-Ajam.
El tipo, con una extraña sonrisa, ha empezado a pegar tijeretazos a diestro o siniestro como Johny Depp en ‘Eduardo Manostijeras’ y yo agarrada a la silla intentando no respirar para que no me hiciese ningún trasquilón no previsto (que bastante tenía con los que veía que me estaba haciendo a propósito). “Tranquila, el pelo crece”, y he fijado mi mirada en la del argentino reflejada en el espejo mientras le mostraba una sonrisa de ‘no te tengo miedo’. Entonces él ha mostrado una sonrisa de ‘me lo vas a tener’ y ha dicho:
-Ahora el flequillo, lo más divertido.
Terror. Ojos como platos.
-Ajam.
Con una concentración de cirujano ha realizado unos creativos trasquilones en la parte del flequillo, la menos disimulable del conjunto. “Tranquila, el pelo crece”. Suspiro mientras él seca el resultado.
-¿Ves? Parecés otra.
Y tanto. Juzguen ustedes mismos.
Mensajeras
–¡¡¡No veas!!! Había por lo menos 10.000 palomas!!!
–¿Mensajeras?
–No, no te ensajero.
.
.
.
jejejejejejeje
Sorpresaaaaa
Tras un rato de escribir, borrar y reescribir esta entrada he llegado a la conclusión de que lo único que realmente quería decir es que me siento feliz y muy querida, y, de paso, dar las gracias a todos los culpables de ello. Yo, que nunca he tenido afición a pedir deseos al soplar las velas (sobre todo después de leer “La pata de mono”, vaya yuyu) he tenido que reconocerme a mí misma que mi deseo es seguir teniendo lo que tengo, y lo que necesito es dar las gracias por todos los recovecos del camino, azarosos o no, que me han llevado a estar en el punto en el que estoy. Sois los mejores y os quiero una barbaridad.
Conversaciones enamoradas entre matemáticos absurdos (o viceversa)
A: Cuéntame algo…
K: Un algo, dos algos, tres algos, …
A: Nah, eso sería cuéntame algos.
K: Pues ½ algo, ⅔ algo, ¾ algo… y te lo aproximo tanto como quieras.
A: Mejor bésame.
Mis galanes
Cuando trabajas de cara al público te encuentras con muchos indeseables, maleducados y bordes, pero también aparece cada uno que te lo comerías a besos. Es el caso de mis dos clientes favoritos, admiradores incondicionales y fuente inagotable de sonrisas en los momentos de mayor necesidad. Uno de ellos, tiene 77 años y el otro ronda los 70.
El primero siempre me dice “aaay, si yo tuviera 20 años menos…” y, aunque me temo que necesitaría restar más del doble para alcanzarme, sé que me lo dice sin malicia y de corazón: “… si tuviera 20 años menos te iba a hacer la mujer más feliz del mundo”. “Ayyy, Juan Pedro, que si yo tuviera 20 años más no te me ibas a escapar” y él sonríe con la mejor sonrisa que he visto entre los habituales de la oficina.
El segundo me dice que no me case nunca, que soy demasiado bonita para que sólo un hombre me disfrute. Y, aunque las implicaciones de la frase son algo promiscuas, me quedo con el piropo encantada de la vida. Entonces hablamos sobre el amor y la necesidad de encontrar a alguien con quien compartir la vida, y él concluye en tono casi paternalista cómo habría de ser mi hombre ideal.
El primero me llama ‘mi churri’, me pregunta qué tal la mañana y me dice que él, aunque es mayor, tiene mucha vitalidad. “Mucha vitalidad y mucho peligro, no hay ninguna duda”, le digo.
El segundo siempre pregunta si mi chaval me está tratando bien, que no se entere él de lo contrario.
Ambos me alaban la sonrisa y coinciden en que la vida pasa en un suspiro. Y les quiero por recordármelo sin tristezas, con la valentía del que ha aprendido y disfrutado a cada paso. Son mis dos galanes y sería incapaz de elegir entre ellos.
Para que luego digan que las oficinas bancarias son lugares frívolos.
Y sin embargo
![]()

Anoche, Sabina y Serrat en Torrevieja, en su gira “Dos pájaros de un tiro”.
Aún encantada de la vida, qué bonito, qué bonito
“Y sin embargo”
De sobra sabes
que eres la primera
que no miento si juro que daría
por ti la vida entera, por ti la vida entera.
Y sin embargo un rato cada día
ya ves
te engañaría con cualquiera
te cambiaría por cualquiera.
Ni tan arrepentido ni encantado
de haberme conocido, lo confieso
tú que tanto has besado, tú
que me has enseñado
Sabes mejor que yo
que hasta los huesos
sólo calan los besos que no has dado
los labios del pecado.
Porque una casa sin ti es una embajada
el pasillo de un tren de madrugada
Un laberinto sin luz, ni vino tinto
un velo de alquitrán en la mirada.
Y me envenenan los besos que voy dando
y sin embargo cuando duermo sin ti
contigo sueño,
y con todas si duermes a mi lado,
y si te vas me voy por los tejados
como un gato sin dueño
perdido en el pañuelo de amargura
que empaña sin mancharla tu hermosura.
No debería contarlo y sin embargo
cuando pido la llave de un hotel
y a medianoche encargo
un buen champán francés
y cena con velitas para dos
siempre es con otra, amor, nunca contigo
bien sabes lo que digo.
Porque una casa sin ti es una oficina
un teléfono ardiendo en la cabina
una palmera en el museo de cera
un éxodo de oscuras golondrinas.
Y me envenenan los besos que voy dando
y sin embargo cuando duermo sin ti,
contigo sueño.
Y con todas si duermes a mi lado
y si te vas, me voy por los tejados
como un gato sin dueño,
perdido en el pañuelo de amargura
que empaña sin mancharla tu hermosura.
Y cuando vuelves hay fiesta en la cocina
y baile sin orquesta
y ramos de rosas, con espinas
Pero dos no es igual que uno más uno
y el lunes, al café del desayuno, vuelve la guerra fría
y al cielo de tu boca el purgatorio
y al dormitorio el pan de cada día.
Y me envenenan los besos que voy dando…
Pertenencias
En el viaje de mis días, tengo un compañero en forma de calendario de mesa que cada día me regala una cita de Mario Benedetti. El calendarito me lo regaló mi más querido compañero de viaje del que ahora me encuentro alejada, más en alma que en cuerpo, y como quiera que un día nos prometimos estar en cuerpo y alma el uno para el otro, ahora leo las citas del calendarito como si se tratasen de vaticinios que algún día auguren volver a estar cerca, tan cerca como una vez conseguimos estar, corazón con corazón.
16 de febrero de 2006
“Todo eso que sos te pertenece
tu corazón y tus revelaciones
tu caja de mentiras en reposo
tu dolor y el dolor de tu paciencia”.
Sabina
“… amor se llama el juego
en el que un par de ciegos juegan a hacerse daño
y cada vez peor, y cada vez más rotos,
y cada vez más tú y cada vez más yo, sin rastro de nosotros…”
Mi pecado de hoy
El contenido del siguiente post puede resultar peligroso para las personas con tendencia a la adicción u obsesión por el chocolate. De todos modos yo, después de la experiencia, recomiendo rendirse al enemigo.
INGREDIENTES:
Dos bolas de helado de capuccino con caramelo
Una generosa cucharada de chocolate con leche fundido
Una taza de café
Una bola de chocolate belga con trocitos de chocolate
Hielo picado
PREPARACIÓN:
Meter en una ‘máquina de hacer batidos’ (seguro que tiene un nombre más técnico, pero no figura en mi vocabulario) el helado de capuccino, el café, el chocolate fundido y el hielo, hasta conseguir una mezcla homogénea a la par que escandalosamente irresistible, en cuya parte superior se observe una delicada capa de espuma de chocolate en la que te apetezca sumergirte entera.
Una vez llegado este punto, añadir una gran bola de helado de chocolate belga. Dicho chocolate, que ya es de por sí pecaminoso, se convierte en una autentica maldad para el paladar al bañarse en el batido previamente preparado.
Nota: si lo pedís en cierta cadena de heladerías cuyo nombre omitiré, os servirán el batido y la cuenta acompañados de un agudo dolor monetario, pero las endorfinas posteriores a la degustación del helado lo compensarán con creces.
Los ángeles de Charlie
Porque hay algunos días en los que necesitamos sentirnos héroes o heroínas.
Porque nuestros superpoderes se recargan con chocolate y sabemos que las sonrisas compartidas nos ayudan a vencer a nuestros villanos.
Porque no escondemos nuestros miedos, sabemos que a veces ganan los malos, pero ningún malo tiene unos amigos como los nuestros.








