Praga
Tras tres días en Praga y los pies destrozaditos de tanto callejear, deambular, correr bajo la lluvia, atravesar sus puentes y pisar sus adoquines, podría contar lo preciosa que es y lo poco que son tres días para tanta riqueza. Probablemente no vuelva a visitarla, porque son muchas las ciudades del mundo que una quisiera ver y aún no ha visto, y limitado el tiempo para viajar. Sin embargo no me entristece porque, pisando esas calles y esos puentes cogida de tu mano, se ha grabado en mi cerebro, como en el negativo de una fotografía, cada instante, cada aroma, cada sensación. Praga es tuya, es nuestra, y me gusta pensar en esos recuerdos que son únicos y de los dos. Nosotros, como ella, siempre hacia delante, pero sin dejar de mirar atrás y sin descuidar el ahora. No sé si me explico. Sólo sé que éste de la foto, sobre todo para mí, es el puente de Carlos.


