Un guiño
Hay instantes en los que la felicidad y la tristeza luchan por conquistar el espacio dentro y fuera de ti, en los que tanto tu mundo como el mundo que te rodea se vuelven a la vez frágiles y sólidos, confortables y hostiles, momentos en los que chocan la rudeza de la vida y la magia inesperada, en los que necesitas reír, llorar, gritar, morder, callar, luchar, rendirte. Y, de repente sin venir ni a cuento, encuentras el equilibrio con una excusa cualquiera. Por ejemplo, una canción.
A ti te estoy hablando, a ti,
que nunca sigues mis consejos.
A ti te estoy gritando, a ti,
que estás metido en mi pellejo.
A ti, que estás llorando ahí,
al otro lado del espejo.
…Déjame solo conmigo,
con el íntimo enemigo
que malvive de pensión
en mi corazón;
el receloso, el fugitivo,
el más oscuro de los dos,
el pariente pobre de la duda.
El que nunca se desnuda
si no me desnudo yo,
el caprichoso,
el orgulloso,
el otro, el cómplice traidor.
…
A punto de rendirme estaba,
a un paso de quemar las naves,
cuando al borde del camino
por dos veces el destino
me hizo un guiño en forma de
labios de mujer
…(la canción es de Sabina, claro)
