Benedetti
tengo una soledad
tan concurrida
que puedo organizarla
como una procesión
por colores
tamaños
y promesas
por época
por tacto
y por sabor
sé que voy a quererte sin preguntas
sé que vas a quererme sin respuestas
Tarde o temprano
“En la vida, tarde o temprano te va mal”.
Jorge Valdano.
En la universidad asistí a un taller de escritura creativa en el que el profesor nos soltó esta cita del ilustre Valdano como ejemplo de que de todas partes se puede sacar ideas. Es una frase bastante simple (el gremio futbolístico no suele ser fuente de declaraciones muy profundas), pero desde entonces ha vuelto a mi cabeza en muchas ocasiones, con demasiada frecuencia en los últimos tiempos. Y es que es así de cierto y así de triste: en la vida, tarde o temprano, te va mal. No sabes en qué ámbito. La salud. El amor. El trabajo. El dinero. Con un poco de mala suerte adicional se te pueden complicar varios de estos campos a la vez, aunque siempre suele haber un primer problema que acaba campando a sus anchas por el resto de parcelas de nuestra existencia.
A estas ideas catastróficas han venido a unirse otras recogidas de una charlita de Emilio Duró a la que asistí. Por qué unas personas se hunden en un vaso de agua y otras son capaces de sonreír ante cualquier adversidad. Será educación, o será genética, o será supervivencia. No tengo claro cuál es el tipo de persona que seré yo cuando las cosas me vayan mal, pero tampoco tengo prisa en descubrirlo. De momento sólo trato de hacer todos los días algo de “gimnasia mental” para estar preparada y para ayudar a los que necesitan un poco de optimismo externo.
Aquí os dejo un poco de material:
“Cómo NO escribir una novela”
El mejor libro que he leído en mucho tiempo.
Se lo recomiendo especialmente a los que:
A) Les gusta leer
B) Les gusta escribir
C) Vieron “Lost” y aún quieren matar a los guionistas
Mad men
“La nostalgia es el recuerdo de una vieja herida”
Sea o no así, me encanta esta escena. Y me encanta esta serie.
“Instantes”
De los infinitos puntos que posee una recta, sólo son necesarios dos cualesquiera para definirla. Le miro y no paro de pensar si este es el segundo punto que definirá nuestras vidas.
Casi me da vértigo recordar la última vez que nos vimos, diez años atrás.
–Hueles diferente.
Los hielos tintinean en nuestros vasos mientras el camarero los llena.
–He cambiado de perfume –contesto sin apartar la mirada de las copas que acaban de servirnos.
–Seguramente también sabes diferente.
La frase me abre las entrañas como si fuese un cuchillo de realidad. Le miro sin atreverme a contestar, ni a respirar. Él sonríe divertido.
–Tú estás igual –me limito a decir.
Es cierto que está igual que el día que nos dijimos adiós. El día que dejamos de ser nosotros para ser dos náufragos de aquél temporal. Los mismos ojos de un verde imposible, la misma sonrisa entre tierna y malévola, la misma atmósfera inabarcable entre los dos que a la vez nos atrae y nos repele.
En el local suena un lastimero blues. Qué apropiado.
–¿Has sido feliz sin mí? –otra vez directo a las entrañas.
–Sin ti todo es más fácil. No hay lágrimas. No hay dudas. He tenido la felicidad que escogí.
Pienso que sin él en realidad todo es más gris. Más templado. Más mediocre. Pero no digo nada porque temo que una sucesión infinita de momentos no vividos me devuelva la yo que era entonces. No sé si temo volver a ser como era, o no saber en quién me he convertido.
Nos miramos con magnética intensidad. No parece que hayan pasado diez años. Ambos sabemos que cada uno de los instantes que separan nuestros encuentros está empapado por el otro, por sus recuerdos y por las fantasías de una realidad paralela en la que sabemos amarnos sin herirnos. Pero no es así.
Doy un trago a mi copa y respiro hondo. Me noto a la defensiva. De mí misma, no de él. Otro sorbo.
–Te he echado de menos.
Qué fácil desarmarme con una frase tan típica. Y qué eficaz.
Miro a través de los ventanales del local, donde, en medio de la oscuridad de la noche, se ha desatado la tormenta. Grandes gotarrones se deslizan por el cristal.
–Yo también a ti. Mucho.
Me concentro en no llorar, en no pensar, en no sentir. Pero sus ojos verdes me desbordan.
Como si tuvieran vida propia, nuestras manos han empezado a acariciarse bajo la mesa y mis palpitaciones aumentan por segundos.
–Hace años que me reconcilié con tu recuerdo. No fue culpa de nadie. Es sólo que a veces con el amor no basta.
Cómo puede no bastar, pienso. Qué más hay. Pero tiene razón, nos heríamos con la misma intensidad que nos amábamos.
Vuelvo a perderme en mis silencios.
Parece que la lluvia aumenta y se oyen apagados truenos en la lejanía. De pronto una sensación de irrealidad lo envuelve todo. Hace diez años que me alimento de sus recuerdos y ahora que lo tengo al lado me siento cansada y miserable. Perdida.
–Lo siento, tengo que salir de aquí –digo mientras me levanto y corro hacia la calle.
Medio minuto después estoy bajo una lluvia cómplice que oculta mis lágrimas. Y él me abraza fuerte, y me besa, me desarma.
–Pues no, no sabes diferente –me susurra al oído.
Volvemos a abrazarnos, empapados, envueltos por la noche y la tormenta, como si la oscuridad y la lluvia pudiesen borrar diez años de vacío en el alma.
Pero nada puede borrarlo. Nada.
Le beso una vez más, intentando encerrar su aliento en mi boca para siempre, deseando detener la vida en un instante infinito.
Después subo a mi coche y me marcho sin mirar atrás, mientras me limpio las lágrimas con la manga del jersey. Volveré a la vida que elegí, a la felicidad que inventé, al calor de un hogar que calienta sin quemar. Y de camino a casa recogeré a los niños.
Despertar
“El hombre actual ha nacido o bien para vivir entre las convulsiones de la inquietud, o bien en el letargo del aburrimiento”.
(Voltaire)
Aunque dudo que el señor Voltaire y yo entendamos lo mismo por “hombre actual”, hoy me sirve de excusa.…(¿apoyo?) coartada para romper mi ya habitual silencio.
Salgo del programa de protección de testigos en el que entré huyendo de mí misma. Pero me he encontrado.
Además, ya me he comprado los bolis de colores.
La soledad de los números primos
«Y Alice sonrió pensando que quizá aquélla sería la primera media verdad de los esposos, la primera de las pequeñas grietas que se crean entre dos personas, por las que tarde o temprano la vida introduce su ganzúa y hace palanca.»
Lost in translation
Entre lo que piensas y lo que dices hay un abismo de corrientes submarinas que arrastran tus pensamientos hasta las profundidades.
Entre lo que yo digo y lo que tú entiendes hay un oscuro laberinto sin salida.
Entre las preguntas que no haces y las respuestas que no tengo caemos sin remedio en un bucle infinito.
Praga
Tras tres días en Praga y los pies destrozaditos de tanto callejear, deambular, correr bajo la lluvia, atravesar sus puentes y pisar sus adoquines, podría contar lo preciosa que es y lo poco que son tres días para tanta riqueza. Probablemente no vuelva a visitarla, porque son muchas las ciudades del mundo que una quisiera ver y aún no ha visto, y limitado el tiempo para viajar. Sin embargo no me entristece porque, pisando esas calles y esos puentes cogida de tu mano, se ha grabado en mi cerebro, como en el negativo de una fotografía, cada instante, cada aroma, cada sensación. Praga es tuya, es nuestra, y me gusta pensar en esos recuerdos que son únicos y de los dos. Nosotros, como ella, siempre hacia delante, pero sin dejar de mirar atrás y sin descuidar el ahora. No sé si me explico. Sólo sé que éste de la foto, sobre todo para mí, es el puente de Carlos.
Y no quiero señalar a nadie…
«Excusatio non petita, accusatio manifesta.»
Ocupada con el Feisbuc…
Hace mucho que no escribo, y algunos os preguntaréis a qué se debe. La respuesta es obvia: con la llegada del facebook a mi vida he dejado de buscarme a mí misma a través de la escritura. Sí, amigos míos, el facebook es una fuente inagotable de autoconocimiento. He aprendido, por ejemplo, que si fuese una celebrity sería Alaska, menuda tiparraca. O que mi canción de Sabina es “Y sin embargo” y mi frase de Bunbury “por fin he encontrado el camino que ha de guiar mis pasos”. Sé además, que mi diosa griega es Afrodita, y mi campo en las Matemáticas, la Lógica. Mi personalidad es individualista, mi número el 4, me casaré antes de los 30 (fiuuu, ya puedo correr) y mi futuro esposo nació un mes de junio. Una puede dibujar el genotipo exacto de sus fobias, sus filias y sus fetiches. Ya no soy sólo una Acuario sanjuanera, ahora mi perfil se desgrana en mil matices. Dentro de poco quizá me plantee relacionarme sólo con perfiles afines al mío, puestos a completar el autoconocimiento con el conocimiento del prójimo. Eso es.
Ale, y de regalo, un regalito:
“La luz que brilla con el doble de intensidad dura la mitad de tiempo”
Hasta siempre, Gloria. Y gracias por todo.
http://servidora.blogspot.com/
http://estenoeselblogqueestaisbuscando.blogspot.com/2009/04/la-voz-de-los-muertos.html
“Closer”
-Me enamoré de ella, Alice…
-¡Ya! ¡Como si no tuvieras elección! ¡Hay un momento siempre hay un momento! Puedo hacer esto, puedo dejarme llevar, o resistirme. No sé cuando tuviste ese momento, pero… seguro que lo tuviste…








